****** Este escrito fue hecho para ser publicado en el Periódico Prima facie de la Escuela de derecho de la cual me gradué.  Fue mucho antes de tomar la Revalida.  Ya hoy estamos en espera de los ansiados resultados.  Aun así quiero compartir estos pensamientos de lo que llamo pensamientos de estudiante.  Espero que lo disfruten tanto como Yo al volver a releerlo. *****

 

Recientemente mientras me organizaba para comenzar mis estudios para la gran prueba (la Reválida) me puse a pensar sobre lo que es el derecho para mí.  ¿Qué significa realmente el derecho en mi vida?  Y curiosamente ate el derecho con la palabra amor.  La idea del amor y el derecho es tan antigua como la historia misma.  El ser humano fue creado por amor gracias a un Dios misericordioso, que nos amó aun antes de existir y nos dejó vivir aun luego de haber hecho eso que tanto nos advirtió.  Con relación al derecho, se puede decir que el amor y el derecho van de la mano.  Ambos nacieron para la misma época.  Es en la primera historia del ser humano que comienzan las obligaciones realmente.  La relación de Dios con los primeros seres humanos fue una relación de obligación de no hacer.  Ya sabemos que las obligaciones se dividen en tres categorías dar, hacer o no hacer.  Pues la primera obligación rota por el ser humano fue una de no hacer.  "No comerás del árbol del bien y el mal"  ¿Y qué pasó? Rompimos con nuestra primera obligación legal.  Luego de eso, existen ciertas dudas sobre el por qué paso y como paso, pero todo indica que la primera mujer fue la primera en romper dicho acuerdo.  Yo creo que quien escribió esta parte era hombre y había cierta solidaridad con el género.  Pero está bien, en lo personal  lo perdono.  

Como se dice en derecho, "así las cosas" ya la historia nos ha enseñado que el ser humano ha estado atado al derecho desde el momento mismo del génesis, pasando por el éxodo, violentando luego tratados y acuerdos bilaterales, realizando cruzadas en nombre de Dios y llegando a la actualidad, de codificar las relaciones humanas.  Como sabemos, el derecho permea en todo, aun en las relaciones más íntimas y personales.  Sí, últimamente el derecho se mueve entre el verso y el verbo.  Entre las oraciones del querer y el ir. Entre el Yo y el tú. Entre nosotros y el ustedes.

En lo personal, me cuestiono, ¿mi amor por el derecho cuando creció?, lo cual contesto inmediatamente, no lo sé.  Solo sé, que muchas veces lo negué, otras lo odie y otras simplemente lo amé.  El haber estado tres años en la Escuela de Derecho, me ha enseñado que los humanos no dejamos de ser humanos por que aprendemos a descifrar la codificación de conductas, a penalizar lo prohibido, a mediar en el conflicto y a degustar chismes jurídicos que interpretan la ley.  Simplemente nos volvemos personas con más humanidad, porque simplemente nos volvemos conocimiento, entendimiento y otros tipos de miento que no podría deletrear si así me lo propusiera.  Hoy en el presente, me atrevo a tomar la palabra de un gran amigo mío para describir lo que ha sido el derecho en mi vida, "el derecho me posee cuando dejo que me posea.  Me atrapa cuando dejo que me atrape y me libera cuando comprendo su motivo expuesto"  Por otro lado, podría decir que "entro en éxtasis cuando su código en papel que hace que los asuntos se viertan y se trasformen se disuelve en mis neuronas logrando así el entendimiento jurídico que los profesores desean"

El amor por el derecho, es un amor aprendido, un amor que se ha dejado añejar.  Amar el derecho es amar sus líneas de crítica legal al mundo social actual.  Es exponer al mundo lo que realmente el mundo es.  Es llevar a cabo un desglose de codificaciones en la conducta humana que nos atan a una convivencia social supuestamente sana.  Digo supuestamente, por qué a mayores leyes creadas, mayores las estadísticas de delitos en la sociedad.

Queremos amar algo que es abstracto, por ello lo codificamos, lo hacemos concreto para así hacernos del mismo.  Lo llamamos nuestro derecho, nuestro código civil, nuestro derecho penal.  Pero, ¿realmente es nuestro?  ¿Realmente nos pertenece? ¿Es acaso nuestra forma de hacerlo real lo que nos da ese sentido de pertenencia? ¿Cómo hacernos de un derecho que una los sentimientos de paz y armonía?

Mi derecho nace de una noche o un día, en una sesión de asamblea legislativa.  ¿Poético?, tal vez sí.  Gestamos legislación como se gesta un crio dentro del vientre de una mujer.  Unas veces con paciencia y calma, escudriñando, investigando, analizando y buscando, otras con violencia y prontitud de que se acabe el tiempo de la sesión de asamblea.  Quedando así desvirgado un concepto y gestado un nuevo ser llamado ley.

Vivimos en un país donde nuestro derecho, mi derecho, se pasea entre una democracia y un complejo de colonia que ya nadie sabe el año en que nació el mismo.  Democracia que es utópica y de forma irónica los estudiantes de derecho bebemos cubas libres y sex on the beach.  No hay un trago que se llame ELA o Democracia real. Somos gente infraganti a cada rato, pero llevamos bajo el sobaco (palabra con un gran olor lingüístico) el ser seres conservadores.  Somos soñadores de fantasías y pesadillas eternas.  Llevamos bajo los pliegues de la camisa, complejos históricos y de antaño.  Tal vez ya nos hemos acostumbrado a todo esto, que no queremos resolver y quitar nuestro cuerno que hiere nuestro costado.  Estamos ya tan acostumbrados al complejo, que no nos visualizamos sin eso que se llama status.

Y entre tanto y tanto seguimos luchando por aprender lo que es nuestro derecho.  Por amar un derecho hibrido, en ocasiones un derecho humano, en otras un derecho desnaturalizado.  Me pregunto ¿Donde nos ubicamos? O ¿Donde nos vemos? ¿Acaso somos acreedores del complejo histórico de nuestro pasado?  Nada solo son pensamientos de una estudiante de tercer año que está en crisis porque va a tomar la reválida.  Mucho éxito a todas y todos durante este proceso.