Hombres y mujeres convivimos siempre y en todas partes compartimos trabajos, esperanzas y pesares, pero estar juntos no significa ser considerados iguales.  Muchas culturas, entre ellas las que conforman la tradición europea, no sólo han imaginado formas de conductas distintas para cada sexo, sino que las han ordenado jerárquicamente, asignando más valor y prestigio a las realizaciones masculinas que a las femeninas.  Esta disparidad, producto de determinadas relaciones sociales, se ha legitimado en la sociedad tradicional a partir de explicaciones religiosas.[1] 

        Sin embargo, todo cambio en la estructura social implica una redefinición de la posición de los distintos sectores y de los argumentos que se consideran válidos para explicar la desigualdad.  A medida que las sociedades teocentradas[2] se fueron secularizando, los argumentos religiosos perdieron fuerza como explicación y legitimación última de las relaciones sociales.[3] 

A medida que las sociedades se transformaban, los conceptos relacionados a la mujer iban trasformándose de igual forma.  Ya las explicaciones religiosas estaban precedidas por las explicaciones científicas y biológicas. 

Aunque los puntos de vistas estaban evolucionando, los conceptos atados a la figura femenina tales como hogar, familia, status social y sexualidad seguían una línea similar de una visión a otra.  Esta realidad representó nuevas formas de replantearse las jerarquías de género y obligó a la sociedad a enfrentarse a nuevos argumentos con relación a la mujer.

En el pasado, la mujer siempre estaba atada a los márgenes que imponía la sociedad.  Las estructuras sociales que históricamente se han estado transformando como lo son las estructuras políticas, económicas, culturales y familiares han atado a la figura de la mujer con el espacio privado, negándole derechos que como entes activos de la sociedad podrían estar disfrutando, como es el caso de la educación.  Estos y otros factores provocaron que los estudios sobre las mujeres fueran limitados y escasos.   

En Puerto Rico como en Europa y gran parte de las Américas, los estudios sobre la mujer han tomado auge en las últimas décadas.  Situando a la mujer en los escenarios políticos, económicos y culturales a los cuales siempre ha pertenecido, pero, la realidad es que su contribución a los mismos no ha sido reconocida.  A estos estudios comenzaron a llamarles estudios de género durante los últimos años del Siglo Veinte.

        La palabra "género" en su acepción más reciente aparece primeramente entre las feministas americanas que deseaban insistir en la cualidad fundamentalmente social de las distinciones basadas en el sexo.  La palabra género denota rechazo al determinismo biológico implícito en el empleo de términos tales como "sexo" o "diferencia sexual".[4] (Scott, 1986)   Existen otras definiciones para género que se utilizan mucho en los análisis de textos literarios y en los círculos académicos, estos son:

  • Género: palabra que resalta los aspectos relacionados a las definiciones normativas de la feminidad.
  • Género: Término propuesto por quienes afirman que el saber de las mujeres transformaría fundamentalmente los paradigmas de las diferentes disciplinas.
  • Género: Forma de referirse a la organización social de las relaciones entre sexo.

Anterior a estos años y reconociendo que muchas veces eran estudios escasos, ya había evidencia sobre el escrito de la historia de la mujer.  Este modo de estudio o pensar se hace evidente desde hace dos siglos atrás, donde comenzó a gestionarse una nueva visión de una historia alterna a la oficial.   Es a finales del siglo 18, que este nuevo pensar tiene sus inicios y es en Europa donde surgen los primeros signos ideológicos de lo que se conoce después como el feminismo. 

El feminismo como lo conocemos en la actualidad es una mezcla de escuelas de pensamiento y filosofías que han evolucionado con el transcurso del tiempo.  Las primeras escuelas de pensamiento que dieron su aportación al movimiento feminista en la sociedad lo fueron el idealismo, el protestantismo liberal y luego más tarde el socialismo.  En adición, el movimiento de la Revolución Francesa aportó mucho a la causa del surgir femenino en las sociedades.  

        Estos movimientos de pensamiento, como la ilustración[5] y el protestantismo liberal[6] que unidos con la Revolución Francesa, (este evento se desarrolló a finales del Siglo 18, marcando fuertemente los sectores económicos, culturales y sociales no solo en su escenario original sino alrededor de todo el mundo) logran crear la primera base para el surgir del movimiento feminista que conocemos en la actualidad.  

        Por otra parte, estos movimientos lograron socavar los cimientos de toda la estructura social, económica y política del periodo histórico en el cual se estaban dando.  Lo que produjo que directamente movimientos como los obreros - sindicalistas, movimientos en contra de la esclavitud y el mismo movimiento feminista tomen y cobren un auge entre la población social tanto masculina como femenina y entre algunos de los pensadores filosóficos más influyentes de la época. 

        Pensadores como Montesquieu, Diderot y Voltaire abogaron por los derechos de las mujeres de su época.  Pero lo más importante durante esa época no era necesariamente lo que los filósofos decían sino lo que las mujeres como elementos sociales realizaban.  A raíz de todo el surgir y cuestionamiento sobre la población femenina, surgen nuevas organizaciones dirigidas por las mismas mujeres.

Antes de la Ilustración, del surgir del Protestantismo Liberal y aun antes que ocurriera la Revolución Francesa, se creía que la mujer tenia un puesto en la sociedad subordinado directamente por su condición femenina y todo lo que representaba esta realidad a la sociedad.  La disparidad social inicial entre hombre y mujer, surge durante el desarrollo de las gens y sigue hasta el desarrollo de las tribus de los primeros habitantes en la tierra, donde la posición de la mujer sufre cambios que la llevan de un estado a otro. 

Engels, nos señala en su libro El origen la idea de que en las sociedades primitivas la mujer gozaba de una posición igual con los hombres y que existía un matriarcado.  Con el surgimiento de una nueva sociedad, el patriarcado y el cristianismo, surge la subordinación de la mujer.

La subordinación de la mujer aparece luego del surgimiento de la sociedad de clases.  Con este acontecimiento la mujer sufre doblemente.  Sufre por los conceptos de género y por los conceptos de clase.  Engels, vinculó el análisis de la subordinación de la mujer a este suceso.  Además, la mujer se convierte en objeto de uso y cambio, posesión de valor, para adelantar los intereses de otros, en detrimento de los propios como ser humano.  

La mujer por ser considerada de categoría inferior en la sociedad, es esclavizada antes que los mismos esclavos.  La mujer está detrás del trabajador libre y del esclavo, esto debido a la educación, las costumbres y la falta de libertad.  Esta herencia de sumisión es considerada dentro de esta realidad social, como algo natural y perteneciente a la condición de la mujer.  Esta realidad está presente luego que se instalara el sistema del patriarcado y el cristianismo. 

Con este suceso, el desarrollo del patriarcado y la oficialidad del cristianismo, la humanidad comenzó un periodo de transformación y establecimiento de roles tan pronto como se establecieron las instituciones sociales.  Donde toda dependencia y opresión social que padece la mujer radica directamente en la dependencia económica.  Todo a su vez, que estas relaciones parten, de la evolución histórica misma que tuvo la figura masculina con respecto a la femenina, dentro y fuera de la sociedad. 

Con el surgimiento del cristianismo, surgen nuevos conceptos e imágenes.  La imagen de la mujer impura surge como mecanismo de control social a la sexualidad femenina.  Otra imagen histórica de la mujer, es la de propiedad, la cual el hombre podía disponer a su antojo.  Conceptos y prácticas como la abstinencia y la castración toman un nuevo giro de importancia en la sociedad. 

Ciertamente las consecuencias del establecimiento del cristianismo y el sistema del patriarcado, las transformaciones sociales, políticas y las económicas llevan a la mujer a un estado de constante cambio y evolución social.  Las ideologías de los movimientos a favor de la igualdad son otros campos de transformación de pensamiento. 

Los conceptos de niña, madre, esclava, esposa, propiedad y objeto de uso y cambio,  son comunes dentro de la historia para referirse, a las relaciones que tienen los hombres con respecto a las mujeres.  Estas referencias se dan en virtud de las interacciones que tiene la mujer con el hombre y las consecuencias de estos momentos de interacción. 

        Sin embargo, todo concepto viene acompañado de significados y nuevas visiones dentro de la estructura social existente.  El cambio en la estructura social implica una redefinición en la posición de los distintos sectores que componen dicha sociedad.  Transformaciones en las estructuras sociales, económicas, políticas y culturales, traen consigo nuevos cuestionamientos, nuevas escuelas de pensamientos y nuevos enfoques en la visión de lo que debe ser una sociedad a la vanguardia. 

Pero, a pesar de las transformaciones sociales y de pensamiento, la realidad y la situación en general de las mujeres en el Siglo 18 estaba plagada por escenarios de injusticias e iniquidades.  A principios del Siglo 19, la mayoría de los países seguían discriminando contra las mujeres en sus códigos civiles y penales.[7] Derechos básicos como la educación, el derecho al voto, al disfrute de la propiedad o ejercer una profesión le eran negados a las mujeres de la sociedad del Siglo 19.  Estas carencias fueron terreno fértil para que las ideologías feministas tomaran mayor auge a nivel público y social. 

        Las ideologías feministas surgen grandemente durante el Siglo 19.  Estas surgen a raíz del aumento y desarrollo del comercio y la industria.  El auge del feminismo durante el Siglo 19 se explica en gran medida por los cambios de estructura de las clases sociales como consecuencia de la expansión del comercio y la industria.[8] 

        El movimiento poblacional hacia las ciudades llevo consigo un rápido crecimiento numérico de las clases medias.   El crecimiento de las clases medias, con unos nuevos valores y una ubicación privilegiada en la esfera económica, obligó a las mujeres a redefinir su rol en la sociedad en cuanto al trabajo y a su realización personal.[9]

        Los cambios económicos de las sociedades obligan a la mujer a trascender del escenario domestico al laboral.  Lo que la expone a nuevas experiencias y a nuevos retos pero de igual forma a nuevas maneras de ser discriminada, de ser criticada y marginada por los elementos de poder social existente en la época.      

        Durante el desarrollo de la sociedad humana siempre ha habido luchas internas dentro de los componentes sociales para lograr el justo reconocimiento de la mujer en la formación de dichas estructuras.  Pero, no fue hasta la década de 1970, que movimientos feministas alrededor del mundo obligaron a las diferentes comunidades internacionales a reconocer públicamente la contribución de las mujeres en el desarrollo social, económico, político, intelectual y cultural, esto incluyendo a Puerto Rico.[10]      

        En el ámbito local, uno de los acontecimientos más importantes durante la década de 1970 y como reacción a un cambio en la estructura social internacional y nacional, fue la formación de organizaciones feministas autónomas, creadas fuera de los partidos políticos o instituciones gubernamentales.  Estas organizaciones trajeron al debate público problemas que afectaban a las mujeres como grupo social dentro de la cultura puertorriqueña.[11] 

        Acorde con su particular visión del feminismo, cada organización feminista estableció vínculos particulares con otros movimientos a favor de la justicia social de la época.  Entre los movimientos sociales estaban los movimientos a favor de la justicia racial.  Los vínculos entre el feminismo y los movimientos en contra del racismo no se desarrollaron durante  ésta década.  El racismo se veía como un problema que estaba fuera de Puerto Rico, como consecuencia directa los movimientos feministas no discutían el discrimen contra la mujer negra en Puerto Rico. 

        El feminismo se ve como una lucha por la igualdad.  El movimiento feminista según la autora Rivera Lassen, era una apoyo a una educación dirigida a romper con los roles tradicionales asignados a la mujeres.  Como resultado de estas primeras luchas a nivel público, surgen nuevos discursos, recursos literarios y currículos que atendían el reclamo del reconocimiento de la mujer en la sociedad capitalista y patriarcal.  En consecuencia surgen los estudios de género.

 


[1] Encarna Hidalgo, et al., Repensar la enseñanza de la geografía y la historia. Una mirada desde el género. España, Editorial Octaedro, 2003, p. 19.

 

[2] El campo religioso al ser un campo muy amplio y complicado con relación al análisis, no será abordado de forma profunda en el estudio, aunque si se tomaran algunos apuntes relacionados a la visión de la mujer con relación a su posición en la sociedad. 

[3] Hidalgo, et al., op cit., p.19

[4] Joan Scott.  El género: una categoría útil para el análisis histórico. American Historical Review. 1986, Vol. 91.

 

[5] El pensamiento de la ilustración defiende la razón como medio indispensable para buscar la verdad, donde primero se encuentran los postulados en defensa de la existencia del talento e inteligencia de la mujer, y las denuncias de que la "típica educación femenina" era la causante de la ignorancia y abulia entre la mayoría de las mujeres. (Yamila Azize Vargas,  La mujer en Puerto Rico. Ensayos de investigación. Puerto Rico, Ediciones Huracán, 1987, p. 11.) 

 

[6] El protestantismo liberal representaba el liberalismo religioso de la fe protestante y como esta podía aplicarse a ambos sexos.  La creencia protestante en el derecho de todos los seres humanos a trabajar por su propia salvación proporciono una importante base ideológica a muchas de las luchadoras de las campañas femeninas del Siglo 19.  (Azize, op cit, p. 11.)

 

[7] Azize, op cit, p. 12.

[8] Ibíd., p. 12

 

[9] Ibíd., p. 12

[10] Según la autora Azize Vargas, inicialmente las metas de los movimientos feministas organizados fueron tímidas, moderadas y principalmente de carácter económico.  Por ejemplo, se abogaba por que las mujeres casadas pudieran tener control de sus propiedades y por que las mujeres solteras tuvieran acceso a la vida profesional.  Además, y no menos importante, trataban de que se mejoraran las oportunidades educativas para la mujer.   Luego en el futuro, el derecho a educarse, a trabajar como profesional y a votar, fueron reclamos cada vez más urgentes.  Fue entonces cuando el feminismo se convirtió en un movimiento de masas. 

[11] A. Rivera Lassen y E. Crespo Kebler,  Documentos del feminismo en Puerto Rico. Facsímiles de la historia. Río Piedras, Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 2001,  Vol. 1.